martes, 1 de febrero de 2011

Las abejas generosas y solidarias


Un enjambre de abejas tenía construído su panal, lleno de miel y de hijos en el hueco, del tronco de un viejo ombú.
En todos los amaneceres, una nube de abejas despegaba vuelo, en busca del polen y del néctar, que necesitaban para la vida.
Encontraban su tesoro en las abundantes flores de varios jardines, que estaban en las cercanías. Pero una sequía cruel les causó la desgracia de emprobrecerlas, porque la falta de agua hizo que los jardines se entristecieran con plantas moribundas.
¡Ya no había flores!
Dolidas y preocupadas, dos abejas, en nombre de toda la comunidad, se acercaron a la reina, y la informaron de la situación.
La reina las escuchó con calma, y luego de un momento de reflexión les dijo:"Recuerdo que no muy lejos de nosotras, otro enjambre tiene su panal. Vayan y consulten a la reina. Vean si hay posibilidad de que compartamos sus flores, si a ellas no les está afectando la sequía, que nos golpea a nosotras.
Allá volaron las dos abejas, al encuentro del enjambre, que tenía su panal a una buena distancia. Llegaron. Saludaron a las primeras abejas que encontraron, en los alrededores del panal y les expusieron sus deseos de entrevistar a la reina.
Luego de una breve espera, una abeja que se introdujo para ver a la reina, regresó con un mensaje positivo.
"Pasen -dijo a los visitantes- La reina los espera".
Luego del ritual saludo, una de las visitantes, tomó la palabra:
"Señora reina, nuestro enjambre está amenazado por una sequía, que nos mató todas las flores. Nuestra reina nos envía para rogarle que, si ustedes disfrutan de abundantes y sobrantes flores, nos permitan recoger el polen y el néctar que necesitamos"
La reina guardó silencio meditando, y luego dijo en voz alta, para ser oída por todos los miembros de la comunidad:
"Hijas y hermanas mías, dos visitantes de un enjambre, que viven un doloroso momento, porque la sequía de su zona las dejó sin flores, nos están pidiendo ayuda. Quieren compartir con nosotras las abundantes flores de nuestro territorio. Yo sé que acceder a este pedido reducirá por un tiempo nuestra riqueza, pero no nos matará, como a ellas las amenaza la sequía.
Les pido que todas, de común acuerdo y generosamente, permitamos a nuestras hermanas compartir nuestros bienes".
En todo el panal se oyó una voz que mostraba el acuerdo y la conformidad con la propuesta de la reina.
Sin más palabras, emocionadas, las dos visitantes exclamaron: "¡Muchas gracias"!
Allí transmitieron a la reina la felíz noticia, y ésta la comunicó a toda la familia.
En ese instante, una nube de abejas abandonaba en panal, volando hacia las flores concedidas por las hermanas.
Así transcurrieron los días y las abejas de ambos panales se cruzaban en sus vuelos, llevando el sostén de sus vidas.
¡Y volvieron las lluvias, que multiplicaron las flores para todas!
Pero al segundo enjambre le sucedió una desgracia, peor que la sequía que castigó al primero.
Un incendio en los alrededores del árbol, en cuyo tronco tenían su panal, las amenazó con la muerte, y se vieron obligadas a tomar distancia, abandonando su panal.
Apiñadas sobre el tronco de otro árbol, distante del que estaba entre las llamas, lloraban su futuro.
En medio del dolor compartido, la reina tomó la palabra, y dijo:
"Vuelen dos hasta el panal del enjambre, con el que compartimos nuestras flores. Cuenten a la reina nuestra desgracias, y pídanle que nos socorran".
Así, como un rayo, partieron dos abejas y llegaron al panal, donde pidieron urgente entrevista con la reina.
Ya en su presencia, una de las visitantes tomó la palabra y dijo:
"Un incendio nos desalojó de nuestro hogar. Nuestra reina nos pidió que le contáramos nuestra desgracia".
Sin dudar un instante, la reina se dirigió a todo su enjambre con la voz bien alta: "Las hermanas que ayer compartieron con nosotras sus flores, son víctimas de un incendio, que las dejó desamparadas. Compartiremos con ellas, mientras lo necesiten, nuestro panal y nuestra amistad".
¡Felices!, las dos visitantes volaron como un relámpago, y poco tiempo después, todo el enjambre desterrado era recibido como huésped en el panal hermano.

. Si fuéramos generosos como las abejas de la fábula, muchos hermanos nuestros tendrían pan, el techo y otras cosas que a muchos les sobra y a ellos les falta.

. Muchas veces en la vida, terminamos recibiendo lo que dimos.

. Cuando das generosamente, pierdes lo que diste, pero ganas creciendo y madurando como persona.

Fábulas, Cuentos y Valores
René J. Trossero
Editorial Bonum


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